El almirante retirado de la Armada Nacional asegura que, pese a no haber logrado los objetivos planteados para aquel entonces, la rebelión abrió paso a una nueva forma de hacer política. Sin embargo, consideró que en la actualidad existen situaciones que hay que revisar profundamente para poder seguir avanzando
Entrevistado por el Correo del Orinoco, el almirante en situación de retiro dijo que la intención no era quitar a un presidente para poner a otro y que todo siguiera igual, “que era lo que se hacía en las seudoelecciones con el bipartidismo”. Precisó que más bien, lo que se buscaba era un cambio profundo que, en su opinión, se logró, pese al fracaso militar de dicha insurrección.
Prueba de ello, argumentó, es la política social revolucionaria implementada por el gobierno de Chávez, que abarca distintas áreas de beneficio para el pueblo. Sin embargo, consideró que en la actualidad existen situaciones que hay que revisar profundamente para poder seguir avanzando.
“Lo que intentó la inmensa mayoría para lograr un cambio en el país y por lo cual se reveló el 27 de noviembre, con esta revolución se está logrando, pero hay que reconocer los errores para corregirlos”, apuntó.
Cabrera Aguirre hizo alusión a la teoría de las tres R (revisión, rectificación y reimpulso) planteada por el presidente Hugo Chávez, a la que sugirió agregarle, entre la primera y la segunda opción, una cuarta R, que sería la de reconocimiento. “Lo que necesitamos es, primero, revisar los errores que estamos cometiendo, luego reconocerlos y después rectificar para así poder reimpulsar”, sentenció.
Para el oficial es importante que el Estado sea eficiente, por lo que considera prudente que aquellas personas que no están capacitadas o que no tienen la voluntad de trabajar para servir, deben buscar otra vía. “No es posible que se utilice al Estado como una forma de resolver problemas laborales; por esa razón al que no sirve hay que sacarlo”, insistió.
Enfatizó que “las mejores intenciones de Chávez, sus anuncios y sus preocupaciones, que incluso lo han llevado a padecer una enfermedad muy dura, muchas veces se ven torpedeadas por la mala praxis de muchos funcionarios de diferentes niveles que no sirven”. Estimó que de, no ser controladas, estas acciones pudiesen significar un retroceso en torno a las mejoras que se han logrado en el país a lo largo de los últimos años.
Dijo que en la población venezolana hay una marcada tendencia hacia el olvido. A criterio del experimentado militar, “quien olvida rápidamente su historia está condenado a repetirla y eso es precisamente lo que no podemos permitir que ocurra”. Por eso estimó que es importante que las personas se instruyan.
“Los que tenían 10 años en esa época, que hoy están cerca de los 30, y los que nacieron en los últimos 20 años, que no saben qué pasó el 27 de noviembre, y más aún si les han envenenado la mente con cosas que realmente están lejos de la realidad, podrán ser engañados si no se preparan y, nuevamente tendremos muy cerca a estos mismos jerarcas que quieren regresar con el apoyo de esas personas que no logran entender que lo que ocurrió en aquel entonces fue para cambiar”, reflexionó.
REBELIÓN NO ES GOLPE DE ESTADO
Explicó Luis Cabrera Aguirre que en los últimos 25 años en el país ha habido tres rebeliones; una civil, que fue la del 27 de febrero de 1989, denominada El Caracazo; otra militar, el 4 de febrero de 1992 y la rebelión cívico-militar del 27 de noviembre de 1992. Recalcó que a partir de estas importantes fechas se abrió el camino al proceso revolucionario que tenemos hoy día.
“No hay que obviar ninguna de estas rebeliones porque, en principio, se le estaría faltando el respeto a las personas que allí fallecieron y a las personas que estuvieron tanto a favor como en contra, o que permanecieron neutrales, y que de alguna manera sufrieron daños”, dijo, al tiempo que aprovechó la oportunidad para rendir honor y tributo a los caídos: “Para ellos una oración y el mejor de los recuerdos. Para sus familiares, nuestro saludo y solidaridad”.
Algunas personas, por descuido, con la intención de descalificar o simplemente por ignorancia, denominan lo sucedido el 27 de noviembre como un golpe de Estado o intentona golpista, “pero definitivamente esto fue una rebelión”, aclaró el militar.
Un golpe de Estado, instruyó, es una conspiración que hace un grupo de personas para tratar de derrocar a un gobierno e instalarse ellos, siguiendo todo como estaba antes pero con un nuevo presidente. “Normalmente son grupos civiles que buscan en las Fuerzas Armadas apoyo para poder derrocar a ese gobierno o presidente”, añadió.
Citó como ejemplo el golpe de Estado de 1945 que dio el partido Acción Democrática contra el presidente Medina Angarita, “considerado en la historia como uno de los mandatarios más demócratas que ha tenido el país”.
NO HUBO PROPÓSITO DE ENMIENDA
Relató que “la rebelión del 27 de febrero de 1992 fue sometida a sangre y fuego” con el uso indiscriminado del poderío de las extintas Fuerzas Armadas, hoy Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
En su opinión, estas no están preparadas para reprimir manifestaciones, dado que “fueron entrenadas para combatir a un enemigo que, planificadamente, trata de aniquilarlas a ellas”. Por lo tanto, su misión es destruir al enemigo y, aun así, “se las echaron al pueblo”, que en este caso fue visto como el enemigo.
Bajo estas circunstancias, prosiguió, “la población se sentía sumamente dolida con las Fuerzas Armadas y eso indujo a que el 4 de febrero de 1992 la gente no se atreviera a salir y participar, lo que salvó al sistema en ese momento”.
A partir de allí, la población comenzó a entender que había una Fuerza Armada que estaba preocupada por el destino del país y eso “despertó la necesidad de tomar acciones para cambiar”, disertó.
Cabera Aguirre señaló que luego de analizar las causas y condicionantes de esta rebelión, mediante un estudio que le fue solicitado por sus superiores, el cual basó en encuestas realizadas dentro de las Fuerzas Armadas y entrevistas a todas las personas involucradas en el hecho, incluyendo a Hugo Chávez, pudo tomar conciencia sobre lo sucedido.
“Tras realizar el estudio nos dimos cuenta de que todos estos comandantes, que nosotros creíamos que eran un loquitos, tenían razón y tratamos de hablar con el presidente Carlos Andrés Pérez, pero notamos que no había un propósito de enmienda”, relató.
A pocos días de haberse suscitado el hecho, el gobierno convocó la instalación de un consejo consultivo al que se incorporaron personas de alto nivel, cuyas recomendaciones permitirían “quitar aquellos males que habían ocasionado la rebelión del 4 de febrero”. No obstante, “tras pasar el susto, el consejo se disolvió y todo quedó igual”, asintió.
Reveló que después de su conversación con el presidente Pérez, quedó convencido de que el gobierno no haría nada para atender y solventar esta situación: “Ellos asumían que ese pueblo que protestaba era insensato y revoltoso, por lo que había que ponerle mano dura”.
REBELDÍA CONTRA EL DETERIORO
Según Luis Cabrera Aguirre, “más que un descontento, lo que sucedió el 27 de noviembre fue una rebeldía que surgió dentro del seno de las Fuerzas Armadas para tratar de cambiar la conducción del país que estaba en franco deterioro, situación que había estado siendo protestada por la sociedad”.
Pese a que algunas personas quieren hacer ver que todo estaba bien en Venezuela cuando ocurrió la rebelión del 27 de noviembre, obviamente no fue así: “Había un cuadro político, social, económico y militar sumamente negativo para los intereses del país”, refirió el contralmirante.
Comentó que los partidos mayoritarios para ese momento, que eran Acción Democrática (AD) y Copei, junto con el Movimiento al Socialismo (MAS) en menor escala, ejercieron una hegemonía en el extinto Congreso Nacional, actual Asamblea Nacional.
“De esa manera, estos partidos llegaron a manipular al Consejo Supremo Electoral (CSE), e inclusive, con una ley que fue aprobada por el Congreso, cambiaron el nombre al organismo y junto con esto, procedieron a eliminar a todos sus integrantes, para nombrar a dedo a los que ellos realmente querían. También designaban a jueces y magistrados”, lamentó.
Asimismo, denunció que los jefes de esos partidos “se enriquecían a manos llenas” y para tener el apoyo de Estados Unidos, “entregaron muchas de las riquezas del Estado venezolano”. Recordó que gracias a esta vinculación, se pretendió implantar en el país una serie de normas neoliberales, como el libre mercado.
De hecho, la rebelión civil del 27 de febrero de 1989 obedeció al descontento del pueblo ante la aplicación de estas medidas, que abarcaron al aumento de precios en varios rubros, entre ellos, la gasolina y el pasaje, informó.
“Todo lo aumentaron como les dio la gana porque lamentablemente aquí no había empresarios sino mercaderes, y al mercader lo que le importa es volverse rico de la noche a la mañana, sin percatarse de las consecuencias del origen de sus riquezas”, asintió.
En ese sentido, precisó que, el Estado, como árbitro que es, “debe estar atento para controlar esas ansias de riquezas por parte de ciertos empresarios”. Sin embargo, criticó que para la fecha, el gobierno, bajo la conducción de Pérez, se había hecho “cómplice de esta situación”.
TODOS DEBÍAMOS LO QUE OTROS USARON
El contralmirante relató que aunque el expresidente Jaime Lusinchi (años 80) había anunciado durante su gobierno que la deuda externa venezolana tendría el mejor refinanciamiento del mundo, “a los meses se dieron cuenta de que aquel plan había sido un desastre, porque le tocó al Estado asumir las deudas que habían adquirido todos los particulares”.
Argumentó que como quien mandaba en el país era el capital privado y este estaba enormemente endeudado, “lo que hicieron fue trasponerse al Estado, es decir, que todos debíamos lo que aquellos usaron y malbarataron”.
Bajo este panorama de deterioro, rememoró, se iba a tratar de “recuperar” la economía vendiendo los activos nacionales, que no era otra cosa que la privatización de los mismos. “Todo esto creó un ambiente muy angustioso y negativo” que indujo a la población a expresar su descontento.
Detalló que hasta en el ámbito internacional fue reconocida la gravedad de la situación, cuando “Estados Unidos emitió un informe donde planteaban que en Venezuela se estaban violando flagrantemente los derechos humanos de sus habitantes”.
Incluso, mencionó que durante una conferencia ofrecida en el Colegio Interamericano de Defensa, el canciller de la época, Fernando Ochoa Antich, ratificó que había una gran falta de credibilidad en los poderes del país. Sostuvo que la iglesia también exhortó al gobierno a que rectificara sin que este hiciera el menor caso.
FRACASO MILITAR, VICTORIA POLÍTICA
Luis Cabrera Aguirre enfatizó que en la rebelión del 27 de noviembre estaba previsto que participaran todos los componentes militares. “Nosotros teníamos unidades de diferentes componentes, tanto de la Armada como del Ejército y la Guardia Nacional, que estaban comprometidas a participar, y lo digo con propiedad porque fui el jefe de planificación de toda esta rebelión, pero por diferentes razones, todos no pudieron integrarse como lo hizo la Aviación”, describió.
Dijo que los grupos civiles iban a apoyar la insurrección con su presencia. “A ellos no se les dio armas porque sabíamos que estas iban a permanecer en las calles y eso iba a volverse en contra del Estado venezolano, porque seguramente con el tiempo caerían en manos de delincuentes”, precisó.
No estaba previsto bombardear Caracas, pero como se tenía la certeza de que estos artefactos explosivos no servían, los mismos fueron lanzados para evidenciar parte de la estafa a la que estaba siendo sometido el Estado venezolano con la compra de municiones inservibles, añadió.
Aparentemente todo estaba saliendo bien, pero “una delación, una deserción y una enajenada ambición de última hora”, propiciaron el fracaso militar de la rebelión del 27 de noviembre de 1992, testificó Cabrera.
“Un oficial que tenía que participar, a última hora delató, presumo que por miedo. Esto hizo que tomaran algunas medidas en Fuerte Tiuna que dificultaron mucho el desarrollo de las operaciones. Además desertó otro oficial que trabajaba en la Guardia de Honor de Casa Militar, que tendría la tarea de informarnos donde iba estar el presidente Pérez”, resaltó.
La idea no era matar al Presidente sino capturarlo y establecer una junta cívico-militar que se encargara de la transición de mando, reiteró. Según la programación, Pérez estaría para esos días en una casa de playa que tenía en Turiamo. “Allá lo íbamos a agarrar y lo llevaríamos preso junto con otros cabecillas del gobierno, a un lugar que ya teníamos específicamente preparado”, dilucidó.
Aclaró el contralmirante en situación de retiro que tampoco se pretendía suplantar a un presidente por otra persona, sino hacer un cambio profundo en el sistema. Por ello consideró que “la rebelión del 27 de noviembre ayudó mucho para que esta revolución que hoy tenemos se esté desarrollando”.
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